Bueno gente, esta es la última parte de este tema que seguro va a volver a aparecer en otro momento, espero que lo disfruten!.
Cuarta Parte.
No les gusta lo que dicen que les gusta.
Están viendo una película de amor, de las que les gustan a ellas. De ésas que con ver el título uno ya sabe que se trata de un hombre
y una mujer que se enamoran y luego tienen un quilombo pero
después se amigan. Esas películas de mierda que tienen nombres
tales como “El cariño de tu amor”, “El amor de los dos”, “Dos para un
amor”, “Que hermoso es amarte” etc.
En el final de esa película el galancete de turno, que seguramente
tiene una facha bárbara y alguno de los hombres presentes lo acusó
de ser puto con el asentimiento de los demás hombre y los “Callate,
nada que ver” de las damas, va en busca de una reconciliación.
¿Cómo lo hace?
Se pone su mejor ropa, compra un gigantesco ramo de flores y va
de noche, debajo de una lluvia infernal a tocar el timbre de su amada
y cuando ella sale, le dice con ojos lagrimosos: “He comprendido que
no puedo vivir sin ti”.
Entonces ella lo abraza y lo besa llorando, y es ahí cuando oímos
los suspiros de las mujeres presentes y tenemos que escuchar
comentarios tales como “Qué divino”, “Cómo no vas a volver con un
tipo que hace eso”, “Me muero con un hombre así”.
Si trasladamos esto a la vida real pueden pasar alguna de las
siguientes cosas:
• Que nos quedemos empapados tocando el timbre con las flores
en la mano y que nadie salga porque la mina se fue de joda.
• Que se escuche la voz del padre que le grita a la hija: “¡Che,
nena, ahí en la puerta hay un pelotudo todo mojado con unas
flores!”
• Que nuestra ex le diga al tipo que está en bolas en la cama con
ella: “Esperá que le alcanzo un paraguas a este nabo para que
se vuelva a la casa que se va a enfermar, pobre”.
Del abrazo emocionado y el llanto, nada.
¿Y entonces?
Es que aunque parezca raro, a las mujeres no les gusta lo que
dicen que les gusta.
Los viajes de egresados tienen fama de tener
un efecto absolutamente descalibrante en cualquier pareja. Las minas
que estaban de novias generalmente volvían “confundidas” de ese
viaje.
Sobre el final de la reunión cayó Juan Carlos, el novio de la flaca
Mariela, que tenía unos años más que nosotros y pinta de “guacho
me las sé todas”.
Una de las chicas le preguntó: -¿Y vos que opinás de que tu novia
venga con nosotros de viaje de egresados?-. Ahí se produjo un
silencio total y todas las miradas, femeninas y masculinas, se
dirigieron al bananazo.
Su respuesta fue contundente: -Ella quiere ir a ese viaje, y como
yo a ella la quiero, también quiero que vaya.
Se escucharon unos “Ahhhh… qué dulce… qué divino… “y si mal no
recuerdo, algún que otro aplauso de la platea femenina”.
-Aprendan ustedes lo que es un hombre… -dijo una.
Estaban todas enloquecidas con el tipo y nosotros nos sentíamos
unos microbios.
La novia del chabón lo abrazaba como con miedo a perder ese
tesoro de hombre que tenía, ante la envidiosa y deslumbrada mirada
de las demás compañeras y nuestras caras de orto.
Dos meses más tarde.
Bariloche.
Excursión nocturna a tirarnos en trineo en un lugar llamado
Piedras Blancas.
Hora de subir al micro para regresar al hotel.
El mencionado micro no podía emprender el regreso porque la
flaca Mariela no aparecía por ningún lado.
Lo estaba re-garcando al romántico del novio atrás de unos pinos
con un ex-alumno del colegio.
¿Cómo se entiende? Sencillo, no les gusta lo que dicen que les
gusta. Lo del pibe hubiera estado perfecto si hubiese sido parte del guión
de una película.
En la vida real no les gusta. Dicen que sí, pero no.
Flavio vivía con sus padres y sus dos hermanos. Esa noche habían
ido a cenar su prima Silvana con su novio Ricardo.
A la madre de Flavio se le ocurrió en ese momento que sería una
buena idea invitar a Carla, la novia de su hijo, a cenar también para
que conociera a Silvana y Ricardo.
A Flavio también le pareció buena idea y se aprestó para ir a
buscarla, pero antes de salir se dio cuenta de que en la mesa, que ya estaba puesta con anterioridad, faltaría un plato. –Me voy a buscarla,
pero antes agreguen un plato en la mesa –dijo.
Silvana y Ricardo observaban la escena.
-Andá, yo ya lo pongo, -le respondió su madre.
-No –dijo Flavio-, te vas a olvidar y no quiero que lo agreguen
delante de ella, porque va a sentir que la invitamos de última.
Agregalo ahora antes de que yo me vaya. Silvana miraba a su primo
con admiración. En cambio Ricardo, viejo bucanero, miraba de
costadito y no emitía sonido porque no tenía la suficiente confianza
con la familia de Flavio.
Silvana entonces comenzó a dar rienda suelta a su admiración por
la actitud de su primo:
-Qué caballero… viste Ricardo… qué buen novio… qué suerte que
tiene la chica de tener un novio así.
Hasta que Ricardo se hinchó las pelotas y respondió ante la
atónita mirada de Silvana y el resto de los presentes: -¡¡Pero por qué
no te callás!! ¿A vos sabés cuanto te dura un gil de esto?.. ¡¡Ni cinco
minutos te dura!!... Y vos… -dirigiéndose a Flavio-, con que sigas así,
sos firme candidato a los cuernos.
“Este tipo está mal de la cabeza”, pensó Flavio.
Ricardo, viejo corredor de pistas, recibido en la universidad de la
calle con título de honor en su doctorado en mujeres, predijo con su
sabiduría lo que sucedería poco tiempo después.
El perfecto novio Flavio, era corneado para el campeonato y
abandonado por su tan querida y cuidada novia.
¿Hay alguna explicación lógica?
Sí. No les gusta lo que dicen que les gusta.
Bueno eso es todo, amigos. Espero que lo hayan disfrutado!
Millo.
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